Margarita del Val: vacunas, miedo y el reto de recuperar la confianza

Margarita del Val es química, bioquímica, viróloga e inmunóloga, e investigadora científica del CSIC en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, centro mixto del CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid. Ha dedicado su trayectoria a estudiar las infecciones virales y cómo nuestro sistema inmunitario genera la memoria que permite protegernos frente a ellas.

También coordina, junto al demógrafo Diego Ramiro, profesor de investigación del CSIC, la Plataforma Interdisciplinar de Salud Global del CSIC, que reúne actualmente, según me explica, unos 180 grupos de investigación de distintas disciplinas. Nacida durante la pandemia, la plataforma trabaja para anticiparse a nuevas amenazas sanitarias y ofrecer respuestas más rápidas y eficaces.

He hablado con ella sobre la importancia de las vacunas, su seguridad y efectos adversos, lo aprendido tras la COVID-19 y las consecuencias de perder la confianza en la vacunación. Me interesaba detenerme especialmente en los argumentos antivacunas y en cómo responder desde la evidencia, pero también comprender qué lleva a una persona a desconfiar y por qué escuchar sus dudas es fundamental.

Por Manuel Nadal

De la química a la investigación de las vacunas

Como hago habitualmente, comienzo preguntándole cómo le gustaría que la presentara. Margarita del Val empieza por su formación como química. Le interesa recordar que diferentes carreras pueden conducir a trabajar en salud.

Sus dos padres eran químicos, pero sitúa en primero de carrera el momento en que descubrió lo que realmente le atraía: la química de la vida. Se orientó hacia la bioquímica y, después, la investigación con virus abrió el camino hacia las vacunas.

Para enfrentarse a ellos necesitaba comprender también al organismo al que infectaban. La inmunología pasó a formar parte de su trabajo por esa necesidad de conocer cómo generar protección.

Su trayectoria incluye cinco años en Alemania, estancias en Estados Unidos y Canadá y diecinueve años en el Instituto de Salud Carlos III. Habla de una ciencia profundamente internacional. Durante la COVID-19, recuerda, los países cerraban sus fronteras mientras los investigadores reforzaban sus conexiones para estudiar una amenaza compartida.

En qué trabaja ahora: anticiparse a las amenazas

Quiero saber en qué está trabajando exactamente ahora. Me explica que la Plataforma de Salud Global permite abordar las enfermedades infecciosas desde perspectivas diferentes, reuniendo conocimientos que van desde la ecología hasta la respuesta inmunitaria.

Los aproximadamente 180 grupos que coordina junto a Diego Ramiro contribuyen voluntariamente desde su investigación y experiencia. Ante un desafío, buscan qué equipos pueden aportar el conocimiento más adecuado para estudiarlo y responder.

Como ejemplo, menciona trabajos relacionados con el virus del Nilo Occidental que incluyen el seguimiento de los mosquitos, la evolución del virus y sus consecuencias sanitarias.

En su propio grupo investigan, entre otras cuestiones, la protección frente a la mpox en personas mayores que recibieron la vacuna contra la viruela décadas atrás. Quieren conocer cuánto persiste aquella memoria inmunitaria y qué protección puede proporcionar si la enfermedad alcanza a otras poblaciones vulnerables.

«Anticiparse es una de las palabras que nos guía ahora».

La frase conecta su trabajo actual con una de las grandes lecciones de la pandemia: investigar antes de que una emergencia obligue a buscar respuestas contrarreloj.

La protección que dejamos de ver

Le pregunto cómo sería nuestra vida sin vacunas. Su respuesta comienza por la infancia: habría más muertes por enfermedades infecciosas y más secuelas entre quienes sobrevivieran.

Cuando una enfermedad deja de formar parte de nuestra experiencia cotidiana, puede resultar más difícil percibir su gravedad. El pinchazo o el malestar después de vacunarse son visibles; una enfermedad que se ha evitado, en cambio, no se llega a experimentar.

Para explicar cómo funciona esa protección, vuelve a la memoria inmunitaria:

«Las vacunas lo que hacen es estimular al sistema inmunitario, crear una memoria inmunitaria y protegerte para el futuro».

Se trata de preparar las defensas para reconocer una amenaza y responder frente a ella. Prevenir no significa únicamente evitar el episodio inicial de una enfermedad: también puede evitar sus complicaciones y secuelas.

El sarampión es uno de los ejemplos que comenta. Además de causar una enfermedad que puede ser grave, puede dañar parte de la memoria inmunitaria y aumentar la vulnerabilidad frente a otras infecciones. Su explicación recuerda por qué las enfermedades infantiles no deben considerarse necesariamente episodios leves que conviene pasar.

Infectarse y enfermar gravemente son cosas distintas

Una de las dudas más repetidas durante la pandemia fue por qué una persona vacunada podía contagiarse. Se la planteo porque esa experiencia sigue utilizándose como argumento para cuestionar las vacunas.

Del Val explica que el objetivo ideal sería disponer de vacunas capaces de evitar la infección, los síntomas, la enfermedad grave y la muerte. Sin embargo, la protección que se consigue varía entre vacunas.

«No siempre conseguimos vacunas que logren evitar la infección».

Una vacuna puede reducir el riesgo de enfermedad grave aunque no impida por completo el contagio. Por eso, encontrar casos de infección entre personas vacunadas no basta para valorar su utilidad.

Hay que observar también qué ocurre con las hospitalizaciones, las complicaciones y los fallecimientos. La Agencia Europea de Medicamentos —EMA— señala que las vacunas contra la COVID-19 proporcionan protección frente a la enfermedad grave, aunque las personas vacunadas puedan infectarse.

La diferencia entre evitar todos los contagios y reducir sus consecuencias más graves es esencial para interpretar lo que ocurrió durante la pandemia.

Por qué llegaron tan rápido las vacunas contra la COVID-19

La rapidez con la que se desarrollaron aquellas vacunas sigue siendo motivo de desconfianza. Le pregunto cómo fue posible avanzar en tan poco tiempo.

«La clave fueron las inversiones a pérdidas».

Me describe un esfuerzo en el que se financiaron numerosos candidatos simultáneamente y se asumieron riesgos económicos antes de conocer qué proyectos tendrían éxito. Se prepararon fábricas y se fabricaron dosis por adelantado para ganar tiempo si las vacunas superaban la evaluación.

También hubo muchos voluntarios para los ensayos clínicos y recursos para realizarlos. A ello se sumó el conocimiento acumulado durante décadas sobre los virus, la inmunidad y las tecnologías que acabarían utilizándose.

La investigación no empezó con la llegada de la pandemia. Del Val destaca el peso de la investigación pública en esa base científica sobre la que después se desarrollaron los productos.

La EMA explica que la evaluación se aceleró mediante procedimientos como la revisión continua de los datos conforme estaban disponibles, manteniendo los requisitos de calidad, seguridad y eficacia.

Su explicación muestra la importancia de sostener la investigación incluso cuando su aplicación inmediata todavía no es evidente. Ante una emergencia, ese conocimiento previo puede resultar decisivo.

Seguridad: controles antes y vigilancia después

Hablar de confianza exige explicar cómo se estudia la seguridad y qué ocurre cuando se sospecha un problema.

Del Val describe controles sobre los materiales, la fabricación, la conservación y la calidad de las vacunas, además de los estudios realizados antes de su autorización. La vigilancia continúa después, cuando se utilizan en poblaciones mucho más amplias.

Las vacunas pueden producir efectos adversos. La mayoría son leves y pasajeros, aunque también pueden aparecer reacciones graves muy infrecuentes. La Organización Mundial de la Salud —OMS— recuerda que la seguridad se sigue evaluando una vez que las vacunas llegan a la población.

Para comprender un riesgo importa conocer qué puede ocurrir, con qué frecuencia, a quién afecta y cómo se compara con el riesgo de la enfermedad que se pretende prevenir.

Durante la conversación hablamos también de la miocarditis, una inflamación del músculo del corazón identificada como un efecto muy poco frecuente tras determinadas vacunas contra la COVID-19. Su reconocimiento muestra por qué es importante mantener la vigilancia, informar y adaptar las recomendaciones cuando los datos lo requieren.

Del Val distingue, además, el momento en el que aparece un efecto del momento en el que se identifica su posible relación con una vacuna. Un suceso muy infrecuente puede necesitar una gran cantidad de datos para detectarse. Detectarlo más tarde no significa necesariamente que haya comenzado años después de la vacunación

Una sospecha no demuestra una causa

Le planteo otro argumento habitual: que las autoridades ocultan efectos adversos. Su respuesta me lleva al funcionamiento de la vigilancia y a la participación de ciudadanos y profesionales.

En España, tanto los particulares como los profesionales sanitarios pueden comunicar sospechas de reacciones adversas a medicamentos y vacunas a través de NotificaRAM. No hace falta que quien notifica haya demostrado previamente la relación: se comunica precisamente para que pueda evaluarse.

Un problema de salud que aparece después de vacunarse puede estar relacionado con la vacuna, con otra enfermedad, con otro tratamiento o con una coincidencia temporal.

Por eso, una lista de notificaciones no equivale a una lista de daños causados por las vacunas. Es información que debe estudiarse junto con otros datos.

Del Val explica que reunir información de diferentes países ayuda a investigar posibles asociaciones, especialmente cuando los acontecimientos son infrecuentes. La vigilancia permite detectar señales, comprobarlas y actuar cuando corresponde.

¿Más antivacunas o más visibles?

Al preguntarle si está creciendo el movimiento antivacunas, introduce un matiz que considero importante conservar: «Yo creo que es más visible».

La pandemia convirtió las vacunas de adultos en una conversación cotidiana. Las dudas que antes podían quedarse dentro de una familia pasaron a ocupar redes sociales, medios y debates públicos.

Entre los motivos de recelo menciona el malestar tras una dosis, el cansancio ante algunas vacunaciones periódicas y la disminución de la percepción del riesgo. Si una enfermedad se considera menos peligrosa, puede disminuir también el interés por prevenirla.

Hay, además, una dificultad propia de la prevención: el beneficio consiste muchas veces en algo que no llega a ocurrir. No haber acabado en un hospital o no haber sufrido una complicación puede pasar inadvertido.

Sin embargo, Del Val distingue entre quienes tienen dudas y quienes alimentan el miedo. No atribuye a todos los mismos motivos ni propone responderles de la misma manera.

Autismo, fertilidad y varias vacunas a la vez

Le traslado algunos de los argumentos que más se repiten. Uno de ellos es la supuesta relación entre vacunas y autismo. Su respuesta es clara:

«Las vacunas no causan autismo y está demostrado con estudios en distintos países con millones de niños».

Aquel temor se extendió a partir de una publicación de 1998 posteriormente retirada y considerada fraudulenta. La investigación recogida por la OMS, realizada con poblaciones mucho mayores y en diferentes países, no ha encontrado una relación causal entre vacunas y autismo.

Del Val destaca que la sospecha se investigó. Preguntar por la seguridad es legítimo; las respuestas deben construirse con datos, y la repetición de una afirmación no sustituye a la evidencia.

También hablamos del miedo a que las vacunas afecten a la fertilidad, una relación que rechaza. La EMA no encuentra evidencia de que las vacunas contra la COVID-19 provoquen problemas de fertilidad.

Al explicar las precauciones, recuerda que es necesario distinguir los tipos de vacuna y las situaciones de cada persona. Algunas vacunas de virus vivos atenuados no se recomiendan durante el embarazo o en determinadas situaciones de inmunosupresión. Esa recomendación específica no puede extenderse a todas las vacunas.

Otro recelo habitual es que administrar varias vacunas a la vez sobrecargue las defensas. Del Val explica que el sistema inmunitario puede responder a varias vacunas y que el reto que le supone es menor que el de enfrentarse a una sola infección. Las combinaciones recomendadas se evalúan para su administración conjunta.

El miedo también puede convertirse en negocio

Le pregunto por quienes pueden beneficiarse de alimentar la desconfianza. Del Val expresa su preocupación:

«Yo creo que hay colectivos que intentan sacar dinero generando miedo, eso sin ninguna duda».

Durante la conversación menciona suplementos, complementos y remedios que se presentan como alternativas a las vacunas, aunque no proporcionen una protección equivalente. No identifica personas ni empresas concretas.

También cuestiona que la palabra natural se utilice como garantía de seguridad o eficacia. Una infección es natural, pero eso no la convierte en deseable. Para valorar una intervención hay que conocer sus resultados y sus riesgos, más allá de cómo se anuncie.

Su preocupación alcanza a los mensajes públicos que siembran incertidumbre sin fundamento. La consecuencia puede perdurar después de que el mensaje inicial haya dejado de circular.

«Generar miedo, promover la desconfianza, es tan difícil de revertir».

Qué decirle a un padre que no quiere vacunar

Le planteo una situación: soy un padre que ha decidido no vacunar a su hijo. Le pido que me convenza.

Su primera respuesta es una pregunta: quiere saber si es el primer hijo o si tiene hermanos. Me explica por qué importa: los recién nacidos tienen un sistema inmunitario todavía muy inmaduro y, si no reciben las vacunas que les corresponden por edad, quedan expuestos a las infecciones que sus hermanos mayores pueden traer a casa. Si es el primer hijo, también puede entrar en contacto con infecciones a través de otros niños cercanos.

Después explica que necesita conocer qué ha llevado a esa familia a tomar la decisión.

«Quien recela de las vacunas es que se lo ha pensado».

La frase reconoce que detrás de una decisión puede haber una preocupación, una búsqueda de información o un intento de proteger a alguien. Para responder bien, necesita saber qué ha escuchado esa persona y qué teme.

Me cuenta una conversación larga con una madre que decía no fiarse de las vacunas. Al profundizar, apareció una dificultad económica: algunas vacunas tenían entonces un coste que no podía asumir.

El relato muestra cómo una preocupación puede quedar escondida detrás de otra. No permite generalizar a todas las familias, pero recuerda la importancia de preguntar antes de suponer.

«Para mí es muy importante entender qué es lo que le pasa a cada persona, qué pieza del puzle le falta».

La información necesita rigor y una explicación comprensible. También necesita llegar a la duda concreta de quien escucha.

Coberturas vacunales: comprender por qué faltan dosis

Del Val destaca la fortaleza de la vacunación infantil en España, pero recuerda que hay personas a las que cuesta llegar.

No todas las dosis pendientes responden a un rechazo deliberado. Los horarios laborales, los desplazamientos y las dificultades para acudir a las revisiones también pueden convertirse en barreras.

Distinguir esos motivos permite buscar respuestas adecuadas. Una familia que necesita facilidades para acceder al centro sanitario no requiere la misma intervención que otra preocupada por un supuesto efecto adverso.

La pérdida de confianza sí puede traducirse en una menor vacunación y facilitar brotes de enfermedades prevenibles. La OMS recuerda que el miedo generado por la falsa asociación con el autismo llevó a algunas familias a dejar de vacunar y contribuyó a la aparición de brotes.

Mantener la protección exige información fiable y acceso a las vacunas.

La vacunación también importa en la edad adulta

Para terminar, le pido un mensaje dirigido a la población. Del Val centra parte de su respuesta en los adultos y los grupos de riesgo.

Con la edad, determinadas enfermedades o algunos tratamientos pueden aumentar la vulnerabilidad a las infecciones. Una persona puede no ser consciente de que su situación de salud hace aconsejable una vacuna.

Por eso propone informarse y revisar las recomendaciones con el equipo sanitario, teniendo en cuenta la edad, los antecedentes y las dosis recibidas. No todas las vacunas necesitan repetirse cada año y no existe una pauta única para todos los adultos.

Su mensaje final habla de algo más que evitar un episodio de enfermedad:

«Queremos vivir más años, pero sobre todo queremos vivir sanos, sin achaques».

Las infecciones pueden dejar complicaciones y secuelas que afectan a la autonomía y a la calidad de vida. Prevenirlas significa también proteger esa vida cotidiana que queremos conservar.

Después de hablar con ella sobre virus, seguridad y desinformación, me quedo con una idea que atraviesa toda la entrevista: comprender las dudas forma parte del trabajo de responderlas. La evidencia necesita explicaciones claras y espacio para escuchar.

Un breve vocabulario para entender la entrevista

TérminoSignificado
BioquímicaCiencia que estudia los procesos químicos de los seres vivos.
VirologíaCiencia que estudia los virus.
InmunologíaCiencia que estudia las defensas del organismo.
Sistema inmunitarioConjunto de células, tejidos y órganos que nos defienden frente a infecciones.
Memoria inmunitariaCapacidad de las defensas para reconocer una amenaza previamente encontrada y responder con mayor rapidez.
Ensayo clínicoEstudio en personas para evaluar, entre otras cuestiones, la seguridad y la eficacia de una intervención.
FarmacovigilanciaSeguimiento de la seguridad de medicamentos y vacunas durante su uso.
MiocarditisInflamación del músculo del corazón.
InmunosupresiónDisminución de la actividad de las defensas por determinadas enfermedades o tratamientos.
Virus vivos atenuadosVirus debilitados que se utilizan en algunas vacunas.
Cobertura vacunalProporción de una población que ha recibido una vacuna o las dosis indicadas.
MpoxEnfermedad anteriormente conocida como viruela del mono.

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