Patricia Ibeas Millán, oncóloga del Hospital Universitario de Henares (Coslada, Madrid), habla de su profesión, de sus pacientes y de todo lo que no se ve desde fuera
1. Introducción y trayectoria: vocación, formación… y mucho más de lo que parece

Patricia Ibeas Millán es oncóloga médica en el Hospital Universitario de Henares, en Madrid. Trabaja principalmente con cáncer de mama, tumores ginecológicos y consejo genético. Lleva más de una década ejerciendo como adjunta, después de formarse en el Hospital Puerta de Hierro y pasar por el Hospital Fundación Alcorcón.
Pero su trabajo no termina cuando acaba la consulta.
“Después de nuestra jornada laboral, nos dedicamos a estudiar, revisar casos, preparar sesiones, asistir a congresos… todo ese tiempo no se remunera, pero es necesario y se hace con gusto porque es por el bien de nuestros pacientes.”
Más allá del hospital, necesita desconectar. Lo hace a través del deporte diario, el baile y una rutina que le permite soltar la carga emocional.
Tras conversar con ella, queda una sensación clara: rigor, implicación y una forma de estar profundamente humana. De esas médicas en las que cualquier paciente confiaría.
2. Vocación y elección: cuando una especialidad te encuentra
No empezó queriendo ser oncóloga. Su idea inicial era la Medicina Interna. Pero durante la carrera hubo algo que cambió el rumbo.
“La Dra. Pilar España me marcó muchísimo… la pasión que transmitía, cómo entendía la oncología.”
Pilar España fue una figura pionera de la oncología en España, considerada una de las primeras oncólogas médicas del país. Destacó no solo por su trayectoria clínica, sino por su papel en la docencia y por una forma de ejercer la medicina muy centrada en el paciente.
Ese contacto, esa forma de transmitir la especialidad, fue lo que terminó inclinando la balanza.
La oncología le atrajo por esa mezcla de complejidad, investigación constante y reto científico. Pero con el tiempo, lo que realmente le enganchó fue otra cosa: el contacto con el paciente.
3. La parte humana: pacientes, emociones y vínculos que van más allá
Aquí es donde se entiende de verdad la oncología.
“El contacto con el paciente y su familia es estrechísimo… para lo bueno y para lo malo.”
“La gente lo ve desde fuera como algo muy duro, pero ayudamos mucho… y formas parte como de su familia.”
La relación no es puntual. Es continua, intensa y profundamente humana.
Uno de los grandes retos es dar malas noticias. No hay una formación real para eso.
“No hay formación práctica. Vas viendo cómo lo hacen otros y construyendo tu propio estilo.”
El suyo se basa en tres pilares: cercanía, empatía y compromiso.
“Que el paciente sienta que estás en su equipo.”
Porque incluso cuando la enfermedad no es curable, hay algo que sigue siendo fundamental:
“Lo que más quieren es que luches todo lo que puedas por ellos.”
Hay momentos especialmente duros. Uno de ellos es cuando la enfermedad deja de ser curable.
“Cuando hay una recaída metastásica, cambias de objetivo… ya no es curativo.”
Pero hay uno todavía más difícil:
“Decirle a un paciente ‘no tenemos nada más’… ese es el momento más duro.”
Aun así, también hay aprendizajes.
“Hay que vivir el día a día.”
4. Dudas y mitos: lo que de verdad preguntan los pacientes
En consulta, muchas preguntas se repiten. Algunas nacen del miedo, otras de lo que se escucha fuera. Estas son algunas de las más habituales y cómo las explica la Dra. Ibeas.
¿Cuándo debería preocuparme por un síntoma?
Explica que la mayoría de los síntomas del cáncer son inespecíficos. Aun así, recomienda consultar cuando se mantienen en el tiempo (más de un mes), cuando aparece una pérdida de peso no intencionada o cuando se acompañan de cansancio importante y falta de apetito.
¿Qué significa realmente curarse de un cáncer?
Hoy en día se utiliza menos la palabra “curación”. Se habla más de estar libre de enfermedad, ya que algunos tumores pueden recaer incluso muchos años después.
¿Cuáles son los efectos secundarios más frecuentes de los tratamientos?
Los más habituales son la bajada de defensas, la anemia —que explica el cansancio— y, en algunos casos, la caída del pelo. No todas las quimioterapias producen alopecia, y cuando ocurre no significa que el tratamiento sea más fuerte.
¿El cáncer siempre duele?
No. En fases iniciales muchas veces no da síntomas. Por ejemplo, en el cáncer de mama los nódulos suelen ser indoloros. El dolor aparece más en fases avanzadas.
¿El cáncer es hereditario?
El cáncer es una enfermedad genética, pero que sea hereditario es poco frecuente. Aproximadamente un 10% de los casos se debe a mutaciones heredadas.
¿El estrés puede provocar cáncer?
No hay evidencia científica que lo demuestre.
¿Dormir mal influye en tener cáncer?
No existen estudios que sustenten una relación directa.
¿El uso del móvil provoca cáncer?
Se han realizado numerosos estudios, pero a día de hoy no hay conclusiones claras.
¿El azúcar alimenta el cáncer?
Es uno de los mitos más frecuentes. Todo lo que comemos se transforma en glucosa, que es la fuente de energía del cuerpo. Aunque las células tumorales consumen más, eliminar el azúcar no cambia el curso de la enfermedad.
¿Las dietas milagro ayudan a curar el cáncer?
No hay evidencia científica que lo respalde. La recomendación sigue siendo una alimentación equilibrada, como la dieta mediterránea, tal y como recomienda la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).
¿Qué hábitos influyen realmente en el cáncer?
El tabaco y el alcohol son los factores más importantes. También el sedentarismo. Insiste en la importancia del ejercicio físico, especialmente el trabajo de fuerza, más allá de simplemente caminar.
Además, advierte sobre la exposición solar: evitar el sol y protegerse adecuadamente sigue siendo clave en prevención, “diga lo que diga Marcos Llorente y compañía”, en referencia a mensajes que circulan en redes.
5. Psicología del paciente: qué necesita realmente
El cáncer no es solo una enfermedad médica. Tiene un impacto emocional, social y económico enorme.
“Un paciente necesita acceso fácil al sistema sanitario, apoyo familiar, calidez, paciencia… y muchas veces apoyo económico.”
La enfermedad obliga a parar, a cambiar rutinas, a dejar de trabajar en muchos casos.
“El impacto socioeconómico del cáncer es tremendo.”
El entorno también juega un papel clave, aunque no siempre sabe cómo actuar.
Hay frases que conviene evitar:
“No me gusta ‘qué bien te veo’ o ‘qué mal te veo’… ni comentarios sobre el físico.”
“Tampoco ‘hazlo por nosotros’ cuando el paciente no quiere más tratamiento.”
Frente a eso, propone algo más sencillo:
“Hay que dejar al paciente llorar… hoy es el día de llorar, mañana será otro.”
Acompañar, escuchar y no forzar.
6. Lo que el cáncer enseña
Después de años acompañando a pacientes, hay una idea que se repite.
“La gente que hoy está enferma era completamente sana hace unos años.”
Nadie piensa que le va a tocar. Hasta que toca.
De ahí nace una de las enseñanzas más claras:
“Hay que vivir el día a día.”
Y también otra, más sencilla y más profunda:
“No nos llevamos nada… hay que disfrutar lo máximo posible de la vida.”
Manuel Nadal
Autor del artículo
