Mito: Las grasas son malas para la salud

Durante muchos años, las grasas han sido uno de los nutrientes más demonizados dentro de la alimentación. Se han relacionado con el aumento de peso, el colesterol alto y el riesgo cardiovascular, generando la idea de que una dieta saludable debe ser baja en grasas.

Pero, ¿realmente las grasas son perjudiciales para la salud?

¿El problema son las grasas?

No.

Las grasas son un nutriente esencial para el funcionamiento del organismo y cumplen funciones fundamentales en nuestra salud.

Participan en la producción hormonal, forman parte de las membranas celulares, permiten absorber vitaminas liposolubles, aportan energía y son necesarias para el correcto funcionamiento del sistema nervioso.

Eliminar o reducir de forma excesiva las grasas de la alimentación no solo no aporta beneficios, sino que puede dificultar cubrir necesidades nutricionales importantes.

Entonces, ¿por qué tienen tan mala fama?

Durante décadas se pensó que consumir grasa era una de las principales causas de enfermedad cardiovascular. Sin embargo, la evidencia científica actual muestra que el efecto de las grasas sobre la salud depende mucho más del tipo de grasa que consumimos y de la calidad alimentaria de nuestra alimentación en general que de la cantidad total.

No todas las grasas son iguales

Aquí está una de las claves más importantes.

Grasas saludables: las que sí interesa incluir

Las grasas insaturadas son las que se asocian con mayores beneficios para la salud cuando sustituyen a fuentes menos saludables.

Se encuentran en alimentos como:

  • Aceite de oliva virgen extra
  • Frutos secos
  • Semillas
  • Aguacate
  • Pescado azul

Diversos estudios han observado que un patrón alimentario rico en este tipo de grasas se asocia con mejor salud cardiovascular y menor riesgo de enfermedad metabólica.

Grasas que conviene limitar

Por otro lado, encontramos grasas cuya presencia suele ir acompañada de alimentos ultraprocesados o de peor calidad nutricional.

Especialmente:

  • Grasas industriales
  • Productos ultraprocesados ricos en grasas de baja calidad
  • Alimentos con combinación frecuente de grasas, azúcares refinados y alta palatabilidad, como, por ejemplo, la bollería industrial.

¿Las grasas engordan?

No por sí mismas.

Es cierto que las grasas aportan más calorías por gramo que los hidratos de carbono o las proteínas, pero el aumento o pérdida de peso depende del conjunto de la alimentación, del balance energético mantenido en el tiempo y de otros hábitos generales que tenga la persona.

Además, incluir grasas saludables en cantidades adecuadas puede favorecer la saciedad y mejorar la adherencia a una alimentación equilibrada.

Entonces, ¿hay que tener miedo a las grasas?

No.

La evidencia científica actual no apoya eliminar las grasas de la dieta ni elegir siempre productos “0% materia grasa”.

Más que centrarse en reducir todas las grasas, resulta mucho más útil prestar atención a su calidad y priorizar alimentos mínimamente procesados que aporten grasas saludables.

Conclusión

Las grasas no son malas para la salud. De hecho, son un nutriente imprescindible para el correcto funcionamiento del organismo.

Lo importante no es evitar las grasas, sino aprender a diferenciarlas y priorizar aquellas que proceden de alimentos saludables como el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos, el pescado azul o el aguacate.

En nutrición, cada vez sabemos con más claridad que el contexto importa más que demonizar un nutriente concreto. Por eso, más que eliminar grasas, el objetivo debería ser construir una alimentación equilibrada, variada y sostenible en el tiempo.

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