EL EPIDEMIÓLOGO NACHO DE BLAS: “EL HANTAVIRUS NO ES UNA NUEVA PANDEMIA”

El experto en zoonosis y profesor de la Universidad de Zaragoza analiza el brote del crucero en la Patagonia, el riesgo real del virus Andes, la gestión sanitaria, el alarmismo mediático y las lecciones que dejó la COVID-19

Un crucero aislado frente a Canarias. Tres fallecidos. Pasajeros confinados durante días. Sospechas de transmisión entre humanos. Aviones desviados. Seguimiento de contactos. Y, de fondo, una pregunta que comenzó a abrirse paso entre titulares alarmistas, redes sociales y conversaciones cotidianas:

¿Estamos ante el inicio de una nueva amenaza sanitaria global?

Nacho de Blas Giral escucha la pregunta y responde casi sin dudar:

“El hantavirus no es una nueva pandemia”.

No lo dice desde la improvisación ni desde el deseo de tranquilizar sin fundamento. Veterinario de formación, epidemiólogo y profesor titular de la Universidad de Zaragoza, lleva tres décadas trabajando en enfermedades infecciosas, zoonosis y vigilancia epidemiológica.

La conversación va mucho más allá del brote detectado en el crucero de la Patagonia. Habla de miedo, comunicación sanitaria, cuarentenas, salud pública y de cómo reaccionamos socialmente ante cualquier amenaza infecciosa.

“Hay que diferenciar entre alertar y alarmar”, repite varias veces durante la entrevista.

QUÉ ES REALMENTE EL HANTAVIRUS

Los hantavirus no son nuevos ni son un único virus. Existen decenas de especies asociadas a roedores específicos y zonas geográficas muy concretas.

“Los del Nuevo Mundo producen un edema pulmonar muy grave y brusco. El pulmón se encharca y aparece una insuficiencia respiratoria grave”.

La letalidad puede ser elevada, especialmente en personas mayores o con patologías previas.

El virus implicado en el brote del crucero es el virus Andes, considerado especial porque es el único hantavirus donde se ha demostrado transmisión entre personas.

Sin embargo, de Blas insiste en contextualizar:

“La transmisión entre humanos requiere un contacto muy estrecho, prolongado y normalmente en fase sintomática”.

Nada comparable, según explica, con la facilidad de transmisión aérea que tuvo la COVID-19 incluso en infectados asintomáticos.

EL CASO DEL CRUCERO

La situación del crucero ha concentrado la atención internacional durante días. Pero para Nacho de Blas, buena parte del impacto social tiene más relación con el contexto mediático que con el riesgo epidemiológico real.

“Tiene todos los ingredientes para convertirse en una serie de Netflix”.

Habla de pasajeros de múltiples nacionalidades, un crucero de lujo aislado durante días y la sospecha de transmisión entre personas.

“Se ha generado un circo mediático desproporcionado para una enfermedad que lleva décadas localizada en Argentina y Chile sin provocar ningún problema pandémico”.

Aun así, evita frivolizar con la situación.

“Para los pasajeros sí existe preocupación. Estamos hablando de una enfermedad potencialmente grave y con elevada letalidad”.

Pero insiste en separar el riesgo individual del riesgo poblacional.

“No existe riesgo de transmisión comunitaria en España”.

EL BARCO COMO CUARENTENA

Uno de los momentos más llamativos de la conversación llega cuando analiza cómo debería haberse gestionado el crucero.

“Yo la cuarentena la hubiese hecho en el barco”.

Según explica, un crucero pequeño ofrece condiciones ideales para el aislamiento: habitaciones individuales, baños independientes, ventilación sectorizada y capacidad sanitaria.

“Los barcos han sido durante siglos uno de los mejores lugares para realizar cuarentenas”.

También considera acertado el traslado al Hospital Gómez Ulla, por disponer de unidades especializadas con presión negativa y protocolos preparados para este tipo de situaciones.

ALERTAR, NO ALARMAR

Uno de los grandes ejes de la entrevista gira alrededor de la comunicación sanitaria.

“Se está transmitiendo la sensación de que existen múltiples posibilidades de contagio para toda la población, y eso no es real”.

De Blas cree que, tras la pandemia, cualquier amenaza infecciosa activa automáticamente miedo, sobreinformación y necesidad constante de titulares.

Por eso insiste en centrar la comunicación en las personas realmente expuestas:
– Pasajeros del barco,
– Contactos muy estrechos,
– Viajeros de determinados vuelos,
– Personal sanitario implicado.

“Hay que alertar a las poblaciones de riesgo, no alarmar innecesariamente a toda la población”.

LOS VETERINARIOS Y LA COVID

Uno de los momentos más contundentes aparece cuando habla del papel de los veterinarios durante la pandemia.

“Los primeros coronavirus con los que trabajamos los veterinarios son de los años treinta”.

Explica que muchas herramientas utilizadas posteriormente durante la COVID-19 ya eran conocidas en veterinaria.

“En enfermedades poblacionales y zoonosis, los veterinarios tenemos muchísima experiencia”.

Por eso defiende el enfoque One Health, que integra salud humana, salud animal y medio ambiente.

EL FUTURO DE LOS VIRUS EMERGENTES

Aunque insiste en tranquilizar respecto al hantavirus, Ignacio de Blas cree que el mundo se enfrentará cada vez con más frecuencia a enfermedades emergentes.

“Cada vez hay más posibilidades de interacción entre personas, animales y patógenos”.

Menciona factores como:
– Globalización,
– Cambio climático,
– Pérdida de biodiversidad,
– Expansión de vectores,
– Presión sobre ecosistemas.

También señala otros patógenos que hoy preocupan especialmente a la comunidad científica:
– Influenza A(H5N1),
– Dengue,
– Chikungunya,
– Virus del Nilo Occidental,
– Fiebre hemorrágica Crimea-Congo.

– Arenavirus,

“Las enfermedades vectoriales son probablemente uno de los grandes retos sanitarios de las próximas décadas”.

“ESTAMOS MEJOR PREPARADOS”

Pese a las críticas, Nacho de Blas cree que la pandemia dejó aprendizajes importantes.

“Estamos mejor preparados que hace cinco años”.

Habla de laboratorios mejor equipados, mayor capacidad diagnóstica y profesionales mucho más entrenados.

“Aprendimos que no podíamos depender de otros países para mascarillas, respiradores o material esencial”.

Aun así, insiste en que todavía falta avanzar mucho en coordinación, comunicación pública y herramientas legales de gestión.

TRANQUILIDAD PARA LA POBLACIÓN

La conversación termina prácticamente igual que empezó: con calma.

“La población tiene que estar completamente tranquila”.

Insiste en que no existe ningún escenario realista que apunte hacia una pandemia por hantavirus.

“No hay ningún riesgo pandémico significativo”.

Eso no significa ignorar el problema ni dejar de vigilar.

Significa entenderlo en su contexto.

“Hay que alertar cuando existe un problema real. Pero otra cosa muy distinta es alarmar innecesariamente a toda la población”. La entrevista termina sin dramatismos y con una idea muy clara de fondo:  la ciencia sirve también para rebajar el miedo.

Manuel Nadal
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